domingo, 6 de octubre de 2013

EL PRIMO DE DIÓGENES

"!Los precios están por las nubes"!,!No hay Dios que viva!" exclamó, y "eso que yo vivo con 4 chavos de nada", continuó. Y era cierto, vivía con lo básico y esencial, no necesitaba más.
Cierto es que él compraba siempre marcas blancas, y esto suponía un ahorro importante sin sacrificar demasiado en la calidad. Pero pensó:" si sigue este descontro, dentro de poco las marcas blancas estarán inalcanzables.
El hecho de vivir en una zona rural del suroccidente asturiano le facilitaba, en gran medida, satisfacer su"necesidad de retiro de la gente, su necesidad de aislamiento.
"La gente es peligrosa, decía, no te puedes fiar de nadie, te quieren engullir a la primera de cambio, hay que estar muy despierto".
Llegar a tener confianza en alguien era un proceso lento y laborioso, de coste emocional muy alto. En aquel pueblo, en el que llevaba casi tres años ya, lo había conseguido con un pequeñisimo grupito de gente. En parte gracias al hecho de que en aquella zona de Asturias el temperamento general era un tanto parecido al suyo, al de su lugar de origen, en tierras de Zamora, caracter seco, adusto, observador, desconfiado inicialmente, pero noble, honesto a carta cabal y sobre todo : de palabra.
Eso era fundamental para él, encontrar alguien de palabra era casi la garantía de haber encontrado alguien en quien, con el tiempo, llegar a confiar.
En su casa, una pequeña casa en las afueras del pueblo, la última justo antes de la curva de salida del pueblo, existía un "orden" creado por él, pensado y repensado por él, rayando lo obsesivo.
Decía que, de esta manera podía saber dónde estaba todas sus cosas y acceder a ellas de manera rápida.
La ropa se encontraba en el armario, pero estaba dentro de cajas en cuyas tapas había puesto unas grandes etiquetas con un listado de cada prenda que había dentro y una pequeña especificación, como por ejemplo: "jersey azul de trenzas, de invierno" y asi con cada cosa.
Los libros estaban igualmente embalados en cajs y éstas, puestas al pie de la librería. También tarian en la tapa el listado de cada uno de los libros, casi una ficha bibliográfica.
La cocina era pura austeridad y sencillez, parecía la de San Francisco de Asís. ël se identificaba mucho con este santo por su vida tan ascética fundamentalmente. Eso si, no compartía, de ninguna manera la entrega empática que San Francisco hacía con sus congéneres.
ültimamente le había dado por traer a casa un montón de cosas viejas e inservivbles, pero que él veia aún con "posibilidades", cosa que sus vecinos desechaban: motocicletas viejas, herramientas rotas todo tipo( incluida una hormigonera), sillas desfondadas, mesas a las que les faltaba alguna pata, y un sinfin de cosas más
Todo lo había subido a la planta de arriba ya que él se habia instalado en la planta baja, donde estaba la cocina y el baño. En la planta de arriba estableció, mientras pudo, un orden similar al de abajo, pero pronto tuvo que desistir de ese orden debido a la ingente cantidad de chatarra que se acumulaba.
Y así se encontraba su casa, esa casita de pueblo, como un microcosmos que reunía, por un lado: el orden más obsesivo y riguroso( en la planta de abajo) y, el desorden total, el caos, el hogar de Diógenes( en la planta de arriba).
Su terapeuta, en Oviedo, al que acudía, seguía acudiendo, aunque no con tanta regularidad pues ahora estabamás lejosy eso suponía más gastos. Su terapeuta le había propuesto una linea de "autotrabajo" personal, con el fin de ir adelantando algo en su proceso terapéutico, que ahra llebvaba un ritmo más lento.
Entre las actividades que resultaban buenas para incorporar a su nueva vida en aquellos parajes tan bonitos ysolitarios estaban las de índole social y, como tenía buena mano para la cocina, de vez en cuando "invitaba" a algunas amistadesa comer o a cenar a su casa, para luego tertuliar un rato( aquí la cosa se hacía un poco más difícil).
Si tuviese que decir cual era su escala de preferencias en el aspecto relacional, con el mundo, sin dudar habrái dicho:" en primer lugar, con preferencia está la relación con la naturaleza, la montaña, el mar, etc, porque no esperan que hables, están ahí pero no te obliga a interactuar. En segundo lugar, los animales, éstos ya te fuerzan un poco, hay que interactuar, peo se conforman con lo que les das. Y por último las personas, son las más exigentes y por tanto las últimas en su escala.
No obstante, él era plenamente consciente que SI o SI tenía que trabajar en la psicoterapia pra "desarrollar" compasión y empatía, y también tenía que ir ,poco a poco, dándose a los demás, al tiempo que recuperaba y vivía sus emociones.
Esa noche tenía tres "amigos" invitados a cenar en su casa, se había "esmerado" porque eran de los que más chatarra y trastos le habían proporcionado, compró,incluso alghunos productos de primeras marcas.
Tras la cena, decidieron subir a revisar una motocicleta  de la décad de los años 60, que uno de aquellos tres le había pasado.
Tuvieron que sortear muchos obstáculos hasta llegar a ella y, en el paso del pasillo a una habitación se oyó un crujido extraño. Todos se pararon durante unos segundos-"es la dilatación de una viga de madera por culpa de esta maldita humedad"- dijo uno de ellos y continuaron revisando la motocicleta.
Cuando se marcharon a sus casas, allá sobre las 2,30 de la madrugada, él lo agradeció, porque esa semana estaba siendo especialmente ajetreada en el trabajo y, por tanto se dispuso rápidamente a completar su media hora de meditación antes de ir para la cama.
Se durmió rápido y profundamente. Cuando despertó fue porque oyó un crujido muy, muy fuerte, y tras el ruido, sin más, el derrumbe de toda la casa, que ya no pudo soportar todo ese peso ni un minuto más.
Y allí quedó, supultado por todo aquello, todo aquello que había sido su FORTALEZA y que ahora era su TUMBA.

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